Humberto Acosta es un ex prisionero político cubano que a través de Internet comparte sus experiencias y las de muchos de sus compañeros en las ergástulas de Fidel Castro.
Su propósito es evitarle a otros pueblos el dolor que ha vivido el pueblo de Cuba bajo una dictadura comunista.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


  Verdades Silenciadas

Cambiar de Actitud - Por Humberto Acosta

No con el propósito de formular una crítica acerba, sino con la esperanza de que otros cambien de actitud y no continuen siguiéndole los pasos a quienes han atentado contra el derecho de nosotros los cubanos, luchadores por la libertad de nuestra patria. Es por eso que me dispongo a hacer mención de hechos irrefutables, que han contribuido a la prolongadísima permanencia en el poder de la esclavista y criminal tiranía Castro-comunista, la cual ha constituido una afrenta la dignidad de América y en particular un descrédito para los EE.UU.

No debe pensar nadie que quien esto escribe pretende ser un crítico sistemático de la política de este país. Así obran los comunistas, pero yo soy un activista anticomunista, y son mis actos los que mejor pueden hablar por mí. Soy democrático porque estoy convencido de que es la genuina democracia el único sistema político capaz de garantizar todos los derechos del ser humano.

Deben saber quienes me concedan el honor de leer este modesto artículo, que si relato los hechos que a continuación van a aparecer, lo hago porque quienes al igual que yo emprendimos en Cuba la lucha por la libertad de nuestra patria, nos consideramos traicionados por la actuación de varias administraciones de este país.

Me estoy refiriendo específicamente a nosotros los ex prisioneros políticos quienes fuimos admitidos aquí como combatientes por la libertad de nuestra patria y aquí no podemos considerarnos libres porque no se es libre donde no hay libertad para luchar por ser libre, usando el único medio efectivo que existe para poder derrocar al despotismo comunista.

El Presidente Dwight D. Eisenhower tuvo la intención de evitar que Cuba cayera en fas fauces de comunismo, pero desafortunadamente para el pueblo de Cuba y para descrédito de los Estados Unidos, hubo aquí un cambio de gobierno en el cual John F. Kennedy cambió los planes de la Administración anterior, con lo cual no tan solo contribuyó a la muerte de más de un centenar de jóvenes patriotas Cubanos, sino que también le ofreció al apátrida de Castro la oportunidad de perpetuarse en el poder en perjuicio del pueblo de Cuba, de los EE.UU. y de la democracia.

Como consecuencia de aquel descalabro de Playa Girón, dieciocho meses más tarde
se presentó la tristemente célebre crisis de Octubre debido a la instalación en Cuba de bases nucleares rusas.

Para darle una solución, que por cierto no pudo ser más ominosa, entre otras concesiones aquel timorato presidente, se vio forzado a concertar el humillante y arbitrario entendimiento, el pacto de las dos K, Kennedy-Kruschev. El cual convirtió a las autoridades de este país en guardaespaldas del Castro-comunismo, condición ésta que aún permanece vigente después de casi medio siglo.

Después del doloroso episodio que tuvo lugar en la Base Naval de Guantánamo durante la Admistración Clinton, las negociaciones culminaron en un acuerdo donde los guardacostas norteamericanos tienen el compromiso de devolverle a Castro los infelices balseros, que después de enfrentarse a todos los peligros que encierra la travesía de tan proceloso mar, si logran salvar la vida antes de pisar tierra de este país, le son devueltos a Castro con la humanitaria súplica de que no sean condenados a más de diez años de prisión.

¿Qué pensarían de todo esto, si estuviesen vivos George Washington, Abrahan
Lincoln y tantos otros de aquellos excelsos hombres que hicieron posible la grandeza y el crédito de esta Nación?